Blog lila

VERGÜENZA DE GÉNERO

b_250_0_16777215_00_images_fidel.jpgSi yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género.
De que mi amiga, mi hermana, mi compañera, mi madre, mi hija, al volver de noche a casa, tengan miedo. De que se sientan aliviadas cuando, al mirar de reojo de quién son esos pasos en una calle vacía, sientan alivio al ver que no es uno de los nuestros.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De que todas las mujeres tengan historias en las que uno de nosotros las forzó a hacer cosas que no querían, las tocó donde no querían, cuando no querían, como no querían. De que todos conocemos a hombres que cuentan historias de mujeres a las que forzaron a hacer cosas que no querían, cuando no querían, como no querían. De las veces que me he callado al escuchar esas historias, o he hecho como que no las estaba viendo.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De saber que ellas cobran menos, que trabajan más, que ascienden menos, que se empobrecen más, que cuidan más, que -tiempo- tienen menos. Que las hemos convencido de que, para algunas cosas que no valen nada ellas valen más, pero para casi todas las cosas que valen algo, ellas valen menos.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De cada vez que he impuesto mi voluntad en casa, en el trabajo, en una asamblea, en una pelea, en un espacio de decisión, en una relación, en unas vacaciones, en manifestaciones, en el sexo. De cada vez que he actuado como si desear algo es suficiente para obtenerlo. De todas las veces que he pensado algo, y lo he asumido como el único criterio.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De cada vez que me he sentido atacado por una mujer que desenmascara mis privilegios, y me demuestra que los disfruto, y que es siempre a costa de sus derechos.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. Por no hacer nada cuando uno de nosotros viola, mata, tortura, desprecia, infantiliza o humilla a una mujer, o se burla de todo su género.

Pero, como no soy un tío, siento vergüenza de mi cuerpo, de mis ganas y de mi deseo. De mis fragilidades y de mi fuerza. De enfadarme a veces, de no hacerlo a tiempo.

Si yo fuera un tío, seguramente, sentiría que estoy donde tengo que estar y que yo, ninguna de todas estas cosas, nunca, las he hecho.